Su mundo se cerraba y el veía como se escapaban sus sueños. Nunca pidió nada raro, solo un hogar y una mujer que lo quiera. Pero la vida se había encargado de ir acortando sus sueños, todo empezó una tarde en que sintió que su cuerpo se desvanecía, su cabeza empezó a sentir ruidos y a ver caras que se acercaban sin detenerse. Fobia social diagnostico el facultativo, pero él en su interior sabía que era mucho más que eso. De pronto no pudo salir, su mundo se limitaba a unas pocas personas, y lo que más le dolía era que no hubiera una mujer en el.
Intento en vano comprar lo que el anhelaba, pero no hay cosas que no se pueden comprar, y lamentablemente, esta, era una de ellas.
Su tristeza fue tomando un tinte especial, se estaba transformando en enojo. Un enojo con su padre, con su madre, con el mundo, pero principalmente con él.
Un día no pudo detenerse y esa furia salió disparada. Cuando volvió en sí, se sintió raro, dolorido, miro a su alrededor y descubrió paredes que no conocía, intento pararse y algo lo detuvo, eran unas correas, duras, frías, ardientes. Quiso gritar pero de su seca garganta no salió nada. En vano trato de soltarse, paro cuando sus muñecas ardían como brazas.
Se durmió, no supo cuanto, solo supo que su cuerpo le dolía.
De pronto llego un hombre de blanco que le recordó a una película de terror, lo miro y mientras este le soltaba, lo escucho decir “-estate quieto loquito de mierda”. Quiso llorar pero ya no salían lágrimas.
Sus días se hicieron interminables, rodeado de locos, de enfermos igual o peor que el. Se resigno, o directamente estaba tan drogado que ya nada le importaba, quizás, hasta era feliz…
sábado, 17 de mayo de 2008
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